OPINIÓN: Aquí dentro llueve mucho

El sábado concluyó una nueva jornada de fútbol sala en Tenerife en la que el protagonismo sin duda estuvo centrado en la lluvia. Y digo que concluyó, por expresarlo de alguna manera porque lo cierto es que habría que preguntarse si dicha jornada debe considerarse siquiera como disputada.

En este frío fin de semana, solo en las categorías desde 2ªB a cadetes, hasta 13 partidos de 34 programados se tuvieron que aplazar por culpa de la lluvia. No entramos ya en las decenas de encuentros de base que también tuvieron que cancelarse, ya fuera directamente por el mismo motivo o por tener que dar prioridad a otros partidos de categoría superior que, al verse imposibilitados de jugar en el pabellón designado, fueron trasladados a otro complejo deportivo.

En un deporte (como hay otros) en el que el reglamento obliga a jugar en una superficie cubierta, precisamente para independizar el juego de las condiciones meteorológicas, resulta cuanto menos llamativa esta cifra de cancelaciones cercana al 40%. Y en este caso no se ha tratado de ningún episodio tormentoso grave que haya provocado serios daños. Ha sido un fin de semana lluvioso que cualquier casa de vecino debería soportar sin ver mayormente alterada su vida hogareña. Y si cualquier inmueble en condiciones debería haber soportado estos días de lluvias en la Isla, ¿por qué iban a ser menos las instalaciones deportivas públicas?

Una vez más, en este fin de semana se hizo evidente el olvido por parte de las instituciones públicas en el que caen prácticamente todos los deportes que no son fútbol. Lo serio de este asunto es que el problema va mucho más allá de lo estrictamente deportivo, llegando hasta la dimensión social de una gestión y cuidado irresponsables de las instalaciones deportivas públicas.

No se trata ni mucho menos de algo aislado ni en el tiempo ni en la geografía insular y me atrevería a decir que de Canarias. Las goteras (hoy ya solventadas) que se hicieron tan famosas en el Pabellón Quico Cabrera de Santa Cruz durante el paso del Uruguay Tenerife por la Liga Nacional de Fútbol Sala no son para nada las únicas. En el Pabellón Municipal de Güímar, las filtraciones van ya para cinco años suspendiendo encuentros, por no hablar de que no hay agua caliente y que el circuito eléctrico está bajo mínimos de calidad. En Taco, el lateral este del Pabellón Pablos Abril se convierte en una auténtica cascada cada vez que llueve sobre el complejo deportivo. Y como estos, existe otro buen montón de casos por toda la Isla, desde el pabellón de San Benito en La Laguna, pasando por el Islas Canarias de Finca España, el Municipal de La Matanza, el de Los Realejos o el de El Fraile.

¿Qué calidad de instalaciones deportivas se supone que tenemos en Tenerife que obligan a parar media competición cada vez que llueve por culpa de las condiciones en la que se encuentran estos pabellones? Por suerte vivimos en una tierra en la que el buen tiempo predomina casi todo el año, pero eso no debe nunca esconder la obligación de cada ayuntamiento a mantener en buen estado las instalaciones que pagamos entre todos los ciudadanos.

Ya se sabe que en periodos de austeridad el desembolso en labores de mantenimiento es de los primeros en recortarse, pero no solo a los políticos llega la culpa. La apatía de clubes y federación a la hora de presionar por un derecho evidente se convierte en cómplice de esa mala gestión. A diferencia de nuestra tradición a aplazar los partidos, en otros países como Italia el correcto estado de la cancha para la disputa de un partido corre a cargo del equipo local y, de no ser así, es a dicho equipo a quien se le aplica la sanción deportiva. ¿Se imaginan tal cosa en España? ¿Cómo nos iría si contáramos con federaciones fuertes que velaran hasta el extremo por los derechos de sus asociados?

Hoy todas estas líneas no pasarán de ser una denuncia más de tantas que hay, pero no nos engañemos. El día que uno de nuestros deportistas, del deporte que sea, acabe lesionado gravemente por culpa de un deficiente mantenimiento de la instalación deportiva, que nadie se lleve las manos a la cabeza y clame contra el cielo. Todos habremos sido partícipes de esa lesión. Antes de cambiar una situación, debemos cambiar primero nosotros mismos.

Fotografía: Detalle de una de las goteras del pasado viernes en el Pabellón Pablos Abril de Taco. © TenerifeFutsal